Otras habitaciones
Otras habitaciones. 1
Fue a darle con la mano en la cara y perdió el equilibrio. Entonces, golpeó con la cadera una estantería llena de cd’s y fue a caer al suelo. Algunos de los cd’s le cayeron encima, entre los pechos puntiagudos que se marcaban insolentes bajo el ceñido suéter, entre las piernas desnudas que la corta minifalda dejaba ver. Él no pudo evitar reírse; estalló en una carcajada al ver a la impúdica –así la había calificado poco antes- muchacha por los suelos. “Que se caiga, que se sepa…”, solía decirle su amigo el periodista cuando veían a alguien en una tambaleante ebriedad. Como ellos mismo acababan muchas noches.La muchacha miró a Orfeo con dureza pero con lágrimas en los ojos. Y tendió la mano para que él la ayudara a levantarse.-Tus jodidos cedes de rock and roll –dijo, ya en pie, procurando ahora mantener la firmeza del cuerpo sobre los tacones de aguja. -Vamos dentro –dijo él, y le tocó la espalda para hacerla entrar en la sala, sin violencia, con amabilidad más bien, real o fingida.-Esta vez no he podido darte en la cara, pero lo haré la próxima vez que me digas que soy una pija.Charlie dio unos pasos tambaleantes hacia la sala. Orfeo estaba atento a la inestabilidad de la chica. No quería que cayera al suelo otra vez. Si caía, podía no logar levantarse más. Sucedía con quienes no saben beber. Caen y se agarran donde pueden para intentar levantarse de nuevo. Si caen al suelo, es fácil que a lo único que puedan aferrarse es al mismo suelo.Charlie, que llevaba la minifalda aún más subida a causa de la caída anterior, se dirigió al sofá y se dejó caer en él. Las piernas algo abiertas y la cabeza echada hacia atrás. -Dame algo de beber –murmuró, con la voz de quien tiene la lengua pegada al paladar.-Por hoy ya tienes bastante –dijo Orfeo, con un tono enérgico.-¿Que me piensas echar de tu casa?-Yo no echo a nadie de mi casa. Sólo que quiero tenerte más serena.-¿Para follarme otra vez?Orfeo sintió como una patada, una blanda patada, en el estómago. Dijo:-Por esta noche ya hemos tenido bastantes placeres –recordó lo que solía decir su amigo el periodista cuando consideraba que ya había bebido bastante, o más bien en exceso-. La noche ya se ha acabado, es casi de madrugada. -Yo quiero más. Dame coca, algo.-¿Coca-cola?-Coca, imbécil. Sé que tienes alguna papelina.-Sería mejor que durmieses un rato.Orfeo vio que a la chica se le cerraban los ojos y el cansancio la vencía. Realmente era una niña pija, con 21 años, o eso decía ella, pero poco baqueteada aún por la vida urbana, por la vida nocturna, de la que no dejaba de ser una advenediza. Ya llegaría a ser una más, una de tantas que salen de las discotecas de madrugada tambaleándose y acaban vomitando junto a algún contenedor de basura. Su amigo el periodista le dijo en una ocasión que esas chicas acabarían cayendo dentro de los contenedores y así las reciclarían…El periodista había sido en otros tiempos, y en otra ciudad, un especialista en meterse en líos con mujeres. Desde que lo había conocido, era él, Orfeo, quien iba de un lío a otro, o varios al mismo tiempo. A Charlie la había conocido en una discoteca en la que nunca antes había entrado. De hecho, hacía ya tiempo que no frecuentaba las discotecas. Tenía una amante, una mujer mayor que él, con la que se acostaba dos o tres veces a la semana. Pero no quería más. Ni más historia con la divorciada, Ami, ni con la jovencita pija que hacía unas pocas semanas que conocía y con la que apenas había tenido sexo, porque ella acababa por resistirse más por miedo de ella misma que por Orfeo. Con Charlie, Orfeo era afectuoso, amable y no le exigía nada. Bien diferente a Mary, que le pedía pasar todas las noches con ella. Y no tenía reparos a la hora del sexo. Lo que él quisiera.-Estoy harta de que los tíos sólo quieran meterse entre mis piernas.-¿Tantos ha habido?Charlie miró al hombre con un gesto de asco, o de odio, en todo caso fingido.-Eso es asunto mío. No querrás que te cuente mi vida amorosa, ¿eh?-¿Amorosa? -Sí, de los tipos que me han follado. Entre todos me estáis destrozando… el cuerpo.-Tú…En el momento que Orfeo iba a hablar, Charlie fue a dar una patada al aire, o quizás fue un movimiento compulsivo, y se dio con el pie, descalzo, en el bajo de la mesa auxiliar ante la que estaba sentada.-¡Joder!-Destrozando, tú misma…-¿Sabes que la otra noche me hiciste un desgarrón?-¿En la faldita? –ironizó Orfeo.-Joder, en la piel.